martes, 3 de agosto de 2010

Rasgos Personales y Habilidades del Entrenador (III)


El verano sigue, y a falta de que se vayan cerrando equipos y empiecen las pretemporadas voy a seguir con algunas lecciones del gran John Wooden, que a parte de interesantes espero que sirvan para entretenerse un poco con la lectura entre baño y baño.
El entrenador que realmente quiere llegar a lo más alto debe tener los siguientes rasgos y características:
Cualidades Primarias:
Diligencia: Esto ya fue expuesto anteriormente.
Entusiasmo: Esto también ha sido discutido en otro punto, pero debemos constar que el entusiasmo llega cuando pones el corazón en tu trabajo.
Simpatía: El entrenador debe tener afecto hacia los jóvenes y ser considerado con sus necesidades y sentimientos. Él debe estar cerca de sus jugadores por si tienen problemas.
Juicio: El entrenador debe ser extremadamente cuidadoso en su juicio y considerar todos los aspectos bajo la luz clara del sentido común. Debe tener una discreción y un tacto comparables a los de Salomón. Un sentido de valores en relación a los hombres, partidos, técnicas y entrenamiento es un deber para él.
Autocontrol: Debe mantener sus emociones bajo control para ser capaz de pensar claramente en cualquier momento. Él puede hacer esto y continuar siendo un luchador que permite que sus jugadores sepan que está con ellos en todo momento. Tiene que imponer claramente la disciplina a veces, pero siendo claro y sin rencor o le perderán el respeto. Debe mantener su aplomo.
Seriedad: Debe ser sincero y honesto en cada momento de su trabajo. Podría fallar en conocimiento y técnica y continuar adelante, pero su destino será peor si pierde en honestidad y sinceridad.
Paciencia: La falta de paciencia es posiblemente el gran fallo de los entrenadores principiantes. No esperes demasiado en algunos aspectos, el progreso llega lentamente. La implantación de nuevos hábitos y la ruptura con los viejos no son propuestas que cambien rápidamente.
Atención al detalle: La perfección de los pequeños detalles puede ser la diferencia entre el éxito y la derrota.
Imparcialidad: Esfuérzate para que cada jugador tenga su oportunidad y asegúrate de ello. da a cada jugador el trato que merece.
Integridad: Un hombre que no es honesto no tiene sitio en el desarrollo de nuestra juventud.
Caulidades Secundarias:
Afabilidad: Un entrenador debe ser afable y cordial.
Apariencia: Mantén una apariencia limpia.
Voz: Aprende a hablar con claridad y firmeza para conseguir captar la atención.
Adaptación: Se lo bastante flexible como para adaptarte al medio y a la ocasión.
Cooperación: Debes cooperar con la Universidad, la administración, el departamento de deportes, el equipo y la comunidad.
Firmeza: Mantén tus ideas con firmeza, pero no imponiéndolas.
Corrección: Debes ser correcto en tu elección de los hombres, en tu juicio, en la técnica y en tus reacciones frente a situaciones inesperadas.
Vigilancia: Debes estar alerta ante las situaciones débiles o fuertes en tus contrarios o en tus propios jugadores y hacer rápidamente las correcciones necesarias.
Fiabilidad: Tus jugadores deben saber que dependen de ti, así como tus colaboradores.
Buena disposición: Piensa más a menudo de forma positiva que negativa. El optimismo da confianza y valor.
Resolutividad: Cada individuo y cada equipo presenta diferentes problemas: psíquicos, morales, físicos, sociales y espirituales. Afróntalos según sea cada uno.
Visión: Facilita a tus chicos un incentivo real, una imagen posible.

Estos rasgos y habilidades suponen la base del pensamiento de J. Wooden como entrenador, los cuales perfectamente pueden ser de ayuda para otros. Dentro de Rasgos Primarios se podrían haber enunciado también: Disciplina de Enseñanza, Organización de cancha y Conocimiento del Baloncesto, y dentro de los Rasgos Secundarios, Esfuerzo por mejorar.

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